En este articulo os hablaré de una historia que empezó en Estambul y acabó en Sintra y Cabo da Roca en Lisboa.
Pero si tú también quieres vivir esta experiencia y conocer todos estos rincones mágicos de Portugal aquí te dejo mí guía de Lisboa:
El verano de 2014 fui durante un mes a Turquía. Los primeros días me hospedé en un hostal en el centro de Istanbul donde conocí a un chico portugués. Estuvimos hablando unas horas durante el desayuno y aún no sé cómo, pero acabé añadiéndolo a mi lista de amigos en Facebook. De esas personas con las que congenias enseguida y que, aún sabiendo que quizás no las vas a ver nunca más (él se iba a Amsterdam a hacer un workaway y yo seguía mi ruta hacia el sur de Turquía), nunca está de más tener su contacto por si a caso algún día te dejas caer por Portugal. Por esos tiempos no pasaba por mi cabeza visitar Lisboa, pero quien sabe.
Todo esto venía por que el día que decidí ir a Sintra, Filipe me escribió un mensaje en Facebook ofreciéndome su ayuda -entre paréntesis remarcando un muy apetecible «I got a car»- así que no dudé en contarle las intenciones que tenía para ese día. Unos minutos más tarde ya teníamos el viaje organizado. ¡Iba a ir a Cabo da Roca! ¡En coche! ¡Y con un local! De verdad que no podía estar más feliz.
Al subir al coche tuve como una sensación rara pero excitante a la vez. Nueve meses atrás estaba conversando con Filipe en un hostal ruinoso en Istanbul y en ese momento estábamos en Lisboa emprendiendo un viaje hacia el Cabo más occidental de Europa. Luego dicen que viajar sola es aburrido.
Nos paramos en una gasolinera aparentemente para poner gasolina, pero de repente apareció con dos cervezas en la mano. Estuvimos todo el trayecto bebiendo y poniéndonos al día sobre nuestras vidas. Una vez en Cabo de Roca, más cerveza. Y las bromas no faltaron. He de decir que Filipe es un chico muy divertido y no dejó de tomarme el pelo en todo el día con cosas como:
Sí, yo inocente de mí creí que podía ver América desde el Cabo da Roca.
En Cabo da Roca no había mucho que ver, con un vistazo general tuvimos bastante. Es un mirador al mar: el mirador más bonito que he visto nunca. Cogimos un par de cervezas más y nos dirigimos a Sintra.
Cuando llegamos a Sintra eran casi las cuatro de la tarde. Como no teníamos mucho tiempo para visitar Sintra, teníamos que elegir: o el Palacio da Pena o la Quinta da Regaleira. En 2014 aún no teníamos roaming, por lo que no podía mirar en internet qué merecía más la pena, así que le dejé a Filipe que eligiera por mí, y creo que no pudo haber escogido mejor aventura.
La Quinta da Regaleira nos esperaba con los brazos abiertos para acogernos en su última hora de apertura a turistas, ya casi de noche y sin un alma en el recinto. Como era temporada baja y un día entre semana pudimos aparcar justo delante de la entrada y ya solo recuerdo correr y correr para llegar al sitio más mágico de la Quinta: el pozo iniciático.
Corrimos durante un buen rato, como si el pozo se fuera a desintegrar de un momento a otro. Me decía: “¡You can’t leave Lisbon without seeing this place!”
Y qué momento nos regaló ese sitio. Silencio, el sonido de un goteo constante, olor a humedad y un monumento escondido en un sitio mágico que alberga algún que otro misterio. Se dice que aquí se realizaban rituales masónicos en los que se transicionaba de la muerte a la reencarnación. No creo mucho en estas cosas, pero lo que sí sé es que descubrir la Torre Invertida (también se le llama así) en el momento en que cerraban la Quinta da Regaleira se ha convertido en uno de los recuerdos más bonitos de mis viajes sola por Europa.
Descendimos los 9 pisos del pozo para salir por unos túneles oscuros hasta llegar a un puente. Nos dio tiempo a hacer el camino de vuelta hasta llegar a la entrada de la Quinta y ver el Palacio da Regaleira desde fuera, cuyo edificio es el mayor atractivo de este sitio.
En otro viaje que hice a Lisboa hace un par de años pude volver y visitar también el Palacio da Pena. Sinceramente, tanto si tenéis tiempo como si no, para mí merece muchísimo más la pena ver la Quinta da Regaleira que el Palacio da Pena.
Llegamos a Lisboa alrededor de las siete de la tarde. Filipe me convenció para ir a tomar una ginjinha en el sitio más auténtico de Lisboa. Teniendo en cuenta que estaba sola en Lisboa y que no sabía dónde estarían Adam y Crystal -los amigos que hice en el hostel-, este me pareció un planazo.
La ginjinha es la bebida más popular en Portugal. Se trata de un licor de maceración de guindas, una fruta similar a las cerezas, que sirven en vasos de chupito. Filipe me llevó a «A Ginjinha», un local en la Praça Dom Pedro IV con una barra y un señor sirviendo chupitos de este licor sin parar.
Vivir la noche lisboeta con una persona local fue una de esas cosas que jamás esperas cuando emprendes un viaje sola.
Esta historia solo es una de las muchas experiencias que viví la primera vez que viajé a Lisboa, así que espero poder contaros pronto cómo acabé yendo al sitio más hipster de la ciudad con un chico americano y una chica filipina y cómo, en un par de meses, ambos me visitaron en Barcelona para seguir con su viaje.
La aventura de lanzarse a viajar sola… ¡Qué placer!
Soy Esther, 29 años en el cuerpo y 28 países en mi retina. Cientos de libros leídos e infinitos por leer.
Dicen que la curiosidad mató al gato… espero que no lo haga conmigo, porque tengo para rato.
Copyright © 2025 | Viajes con una formiga